Vencía 1-0 y 2-1, pero Argentinos le empató con dos jugadas de pelota detenida. Debutó Méndez, pero las figuras fueron los de siempre. J. J. Becerra .
Riquelme, la figura de la noche, balancea su cuerpo entre Caruzzo y Mercier. El 10 de Boca –que también participó en el tanto de Palermo– no gritó su gol por respeto a Argentinos, su primer club. ( Télam )
Habría que arrancar el año en posición de loto. Tranquilos, sin grandes pretensiones. Después de todo, la cultura de Boca siempre fue –al menos en las buenas– una mitad de concentración física y otra de frialdad mental. Es decir estrategia y disciplina. Esa tradición parece haberse reencarnado en Abel Alves, El Chueco, un hombre de las profundidades xeneizes que ha salido a la superficie acaso para recordarnos la genética olvidada durante el regreso malogrado de Coco Basile.
Lo vimos en el segundo clásico de verano, cuando el flamante técnico se sentó en su hermosa silla eléctrica. Boca venía de un baile vergonzante y Alves ajustó las tuercas del cascajo que le dieron para cumplir con un cometido elemental: no chocarlo más de lo que estaba. La idea, transparente y lógica, se vio como un resplandor en el horizonte negrísimo del multicampeón en desgracia. Correr, trabajar, empapar la camiseta de sudor y lágrimas (de sangre también), pero siempre bajo un orden que evite el desequilibrio y su efecto directo: la inmolación.
Con ese patrón, Boca jugó sin riesgos el primer tiempo contra Argentinos, aunque con algún error en el fondo que se puede pasar por alto en nombre de los nervios del debut. El Pato sacó con los pies un disparo rastrero de Calderón, un avatar del acero inoxidable, y también algún bombazo desde afuera del área. Pero se veía que las líneas, en especial las del fondo y el medio, se mantenían a una distancia mínima, vital tanto para solidaridad defensiva como para el toquecito corto que hacía rodar la pelota hacia su Meca argentina, el botín de Riquelme, movedizo y deseoso de dejar atrás la mala racha de 2009.
La primera media naranja del partido daba para un cero a cero, y nos hubiera dejado el recuerdo de dos forzudos –eso sí, enanos– cinchando en la arena. Nada más. Pero hubo una buena jugada de Boca que inclinó lo que llamamos field. Morel robó una pelota por su línea, mandó un pase al vacío que se llenó con la elegancia de Riquelme. Román la alcanzó a la carrera, dejó venir a su marcador y trepó con un enganche Premium hacia adentro y ¡paf!, zapatazo al arco. Peric dio un rebote contra la recomendación de los manuales y allí lo vimos entrar a Martín Palermo para empujar la pelota contra uno de los palos.
El segundo tiempo fue testigo de un crecimiento en el juego de Boca, un rendimiento ascendente que coincidió con la modestia defensiva de Argentinos, que marcaba con tibieza y confusión. En esas circunstancias, Nicolás Gaitán se escurría por la izquierda y Riquelme se paraba en el medio como enlace entre los defensores y los delanteros, en una posición que marcaba todas las salidas para integrarse a los ataques desde una segunda línea de fuego. Todo bien, todo tranquilo, pero gol en contra de Muñoz luego de un centro que los delanteros del local habían dado por perdido.
Las cosas se complicaron en el resultado. Sin embargo, en el curso de los hechos, todo siguió igual, ligeramente a favor de Boca. Entonces pudieron verse las ganas de Riquelme de comenzar el torneo con alguna cosita suya, y la tuvimos. Digamos simplemente que quiso hacer un golazo y lo hizo. Todos sabemos que es un jugador que hace lo que quiere, y que la dificultad que tienen otros para darles realidad a sus fantasías él las elimina con genio y determinación. Las pilas mentales de Román estuvieron a tope, y también su pegada demencial. Se acomodó en el borde del área, se abrió dos metros hacia su propio arco y clavó un meteorito en el segundo palo.
Pero sabemos que Justicia, como Seguro, en el fútbol marcha presa. Hubo un tiro libre en la mitad de la cancha a favor del local, y luego una pelota que cayó bombeada, y un cabezazo para la entrada de Sosa que la acomodó en la red en el segundo minuto del descuento. ¿Qué quieren que les diga? Fue una desgracia, que no enturbia el esfuerzo de Boca por borrar uno de sus veranos más infelices. Ya veremos qué ocurre en la próxima.
Fuente: Critica
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